Cómo se divide el mundo: lo que dicen los datos
Las discusiones sobre política mundial suelen partir de una idea, como una nueva guerra fría, una China en ascenso o un Sur Global, y luego buscan evidencia que encaje. Este análisis hace lo contrario: recopila los vínculos medibles entre países y deja que un método estadístico estándar diga cómo se divide el mundo.
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Los datos cubren 82 países, 35 alianzas y 84 relaciones entre pares de ellos, como guerras, embajadas cerradas, suministro de armas, bases militares, acuerdos de paz, controles a la exportación, los puntos de estrangulamiento en semiconductores que un país tiene sobre otro, o los países excluidos de la compensación en dólares. A ello se suman 31.5 billones de dólares en comercio, bienes, energía, chips y servicios, que circulan entre 3,306 pares de países.

Todos los puntos de datos se comprimen además en un solo indicador, alimentado a una matriz que capta todas las relaciones medidas entre cada uno de los 82 países, la cual se somete después al mismo análisis de eigenportafolios que usa un gestor de fondos para encontrar las fuerzas ocultas que mueven grandes conjuntos de acciones. El modelo arroja una serie de portafolios o temas que revelan los factores que mejor explican esta matriz, sin que se le indique de antemano a qué grupo pertenece cada país. Cuatro grandes temas se sostienen y, en conjunto, logran explicar el 44% de la matriz. El 56% restante está compuesto por temas más débiles e inestables, y por relaciones idiosincrásicas: vínculos propios de un solo par de países.
Las cuatro fuerzas que dan forma a nuestro mundo
1) Occidente contra el bloque ruso (poder explicativo 18%): La línea de la Guerra Fría, redibujada por la guerra en Ucrania. La OTAN, la Unión Europea, la coalición de sanciones y Five Eyes cohesionan un extremo; la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Organización de Cooperación de Shanghái, el pacto de defensa de Rusia y la Organización de Cooperación Islámica cohesionan el otro. Este tema está definido principalmente por alianzas (47%), energía y comercio, incluidos servicios (39%), otros vínculos (7%) y chips (6%).
2) El mar contra la tierra (13%): Estados Unidos y sus socios comerciales en torno al Pacífico y en América Latina, contra los países del interior de Eurasia, Europa incluida. Los pactos comerciales del Pacífico, el RCEP, el CPTPP y la ASEAN, junto con el Tratado de Río, un pacto de defensa, cohesionan un extremo, y la membresía europea y euroasiática cohesiona el otro. Lo que los divide es la geografía convertida en comercio: rutas marítimas y dependencia puerto a puerto de un lado, oleoductos terrestres y países vecinos del otro. El comercio (32%) y la energía (29%) son el principal factor de unión, seguidos de las alianzas (25%) y los chips (12%).
3) El círculo de Rusia contra el mundo árabe y África (7%): Dos bloques no occidentales que suelen tratarse como uno solo, aparecen separados. El pacto de defensa de Rusia, la Unión Económica Euroasiática y la Comunidad de Estados Independientes cohesionan un extremo; la Liga Árabe, el Consejo de Cooperación del Golfo, la Unión Africana y las juntas del Sahel cohesionan el otro. Los dos sistemas casi no se superponen, y el petróleo vendido a distintos clientes los mantiene separados. Las alianzas (47%) son el gran factor aquí, seguidas del comercio (24%), la energía (21%) y los chips (8%).
4) El sudeste asiático contra Sudamérica (6%): Dos bloques comerciales en extremos opuestos del mundo, con casi nada que fluya entre ellos. Singapur, Indonesia, Malasia y Japón forman el extremo asiático, junto con los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita; el Mercosur y el Tratado de Río cohesionan el extremo sudamericano. Este tema está definido por la energía (36%), las alianzas (35%) y el comercio (27%). Descansa en buena medida en el Tratado de Río, un pacto de defensa de 1947 en gran medida inactivo: si se elimina el tratado, este tema desaparece.
La superficie: el mundo tal como está
Al graficar entre sí los dos temas principales, que en conjunto explican el 31% de la matriz, los países se dividen en cuatro grandes grupos: Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y otros países del Pacífico caen en el cuadrante superior izquierdo. China, India y los estados del Golfo caen en el superior derecho, y Rusia, Irán, Corea del Norte y Asia Central ocupan el inferior derecho. El inferior izquierdo lo ocupa Europa. Los cuatro extremos están anclados por Estados Unidos en el superior izquierdo, debido a sus intereses compartidos con Europa y el Pacífico; China en el superior derecho, mucho mejor integrada al sistema global que Rusia; Rusia en el inferior derecho, y Alemania en el inferior izquierdo como la potencia de Occidente más integrada.

Tres posiciones resultan bastante interesantes: Israel se ubica en el vacío central porque no pertenece a ninguna de las grandes alianzas, y parece ser un puente más que un puesto avanzado de Occidente. Turquía, pese a ser miembro formal de la OTAN, está más alineada con el bloque de Rusia y Asia Central. Ucrania se ve atraída hacia Estados Unidos y Europa debido a la guerra, pero de otro modo sería un país muy central, ya que, como Israel, no forma parte de ninguna alianza importante.
La corriente subyacente: una división dentro del mundo no occidental
El gráfico anterior muestra el mundo en gran medida tal como lo dejó la Guerra Fría, pero al cruzar el primer tema con el tercero se revela un patrón oculto, que explica cerca del 25% de la matriz.

En el eje horizontal aparece de nuevo la división entre Occidente y Oriente, pero en el eje vertical ahora se representa el tercer tema, que divide en dos al mundo no occidental: en un extremo, la esfera de influencia rusa, cohesionada por el pacto de defensa de Rusia, la Unión Económica Euroasiática y la Comunidad de Estados Independientes, más, en menor medida, China. En el otro extremo, Arabia Saudita, la Liga Árabe, el Consejo de Cooperación del Golfo y la Unión Africana. Israel, Argentina y Brasil se ubican en el centro, pero claramente inclinados hacia el grupo del sur. Turquía queda entre ambos, lo cual describe bien a un país que limita a la vez con la esfera rusa y con Oriente Medio.
El sustrato: si se desvanece la línea de la Guerra Fría
El siguiente gráfico es un experimento mental. Describe una división que hoy no domina, pero muestra cómo se vería el mundo si el primer tema (Occidente contra el bloque ruso) perdiera fuerza. Los temas se miden de forma independiente entre sí, así que un primer tema más débil no haría por sí solo que el segundo o el tercero tomaran el relevo; el gráfico solo muestra lo que ya subyace. Dados los últimos acontecimientos, como el sobreextendimiento de Estados Unidos, que podría traer restricciones fiscales muy reales y de corto plazo, además de cambios demográficos y políticos rápidos, este es un camino posible, no un pronóstico.
Si el compromiso de Estados Unidos de defender a Europa se pusiera en duda, si un acuerdo en Ucrania pusiera fin a las sanciones, y si los gobiernos europeos llegaran a ver a Rusia como un vecino con quien lidiar más que como un enemigo por contener, las alianzas que cohesionan el primer tema se debilitarían, y quedarían el segundo y el tercer tema para describir cómo se divide el mundo. Esto no es solo hipotético, ya que estas fuerzas ya están presentes y logran explicar cerca del 20% de la matriz.

En este escenario, el mundo se mueve en una dirección definida por la geografía, el comercio y la energía, más que por la defensa: Estados Unidos concentra su esfuerzo comercial y de seguridad en el Pacífico, los estados del Golfo y África se enfocan en construir sus propios arreglos de seguridad, como la Alianza de Defensa de La Meca liderada por Arabia Saudita, mientras Rusia se repliega hacia los estados postsoviéticos que ya forman su círculo cercano. Un rasgo llamativo es la cercanía de China con el bloque del Pacífico, y el desplazamiento de Brasil y Argentina hacia el Golfo.
El resultado sería un mundo de cuatro partes: una América marítima aliada con Asia, una Europa continental que comercia hacia el este junto con Rusia y Turquía, una agrupación del sur en torno al mundo árabe e Israel, y Rusia en el norte. La infraestructura para ello ya está en su lugar.
Esperamos que este enfoque poco convencional y basado en datos sobre la geopolítica les haya gustado, y que haya despertado su curiosidad.